El nuevo terreno no había sido trabajado desde hace bastante tiempo por lo que lo primero que hubo que hacer fue una buena limpieza de la zona donde nos proponíamos empezar a cultivar.
Empezamos poniendo 20 kg de patatas de siembra y algunas cebollas. Trasladamos desde el huerto viejo las 12 cepas de tempranillo que teníamos plantadas con el riesgo que eso suponía para su supervivencia.
Nos arriesgamos mucho, ya que esto lo hicimos en el mes de febrero.
El nuevo huerto iba en marcha, pero el mes de abril fue catastrófico. La situación meteorológica no nos fue muy favorable, hubo lluvias abundantes y persistentes y el agua nos entraba en tromba anegando nuestros cultivos.
Las incipientes patatas quedaron totalmente encharcadas y todo el terreno era como un charco enorme.
Hicimos un zanja para intentar encuzar el agua que nos entraba libremente.
Sólo había que esperar a que el agua fuera desapareciendo poco a poco y que dejase de llover.







